La distancia duele. La espera hace rato dejó de ser esa promesa a la cual aferrarse aún sabiendo que nada la sostiene. El pecho comienza a cerrarse, la vista me juega malas pasadas y se nubla en los momentos menos oportunos. Es tiempo de parar y tomar una decisión. De liberarse de todo y empezar de nuevo. Pero no. Porque la forma perfecta del amor es la simetría de nuestros cuerpos abrazados hasta el límite. Y esa es la única razón que necesito para volver a buscarte las veces que haga falta...
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