Coincidimos por primera vez en el asiento de un colectivo en un país que no era el suyo ni el mío. Ella no hablaba mi idioma ni yo el suyo, así que decidimos comunicarnos con el corazón. Me dijo que no llorara por un amor no correspondido; Porque las lágrimas se secan, pero las sonrisas duran para siempre. Y se despidió. Durante mucho tiempo creí que era un sueño, pero el mensaje en mi celular no deja dudas: Mañana, en apenas unas horas, la volveré a ver...