Camino no para llegar a algún lugar, sino para matar el tiempo que falta para verte. A veces no interpreto bien el mapa del corazón y termino enredado en los brazos equivocados. Pero nunca dejo de caminar. Porque sé que algún día nos vamos a encontrar, y nos vamos a reconocer aunque jamás nos hayamos visto antes. Y ya no va a importar que mis piernas no puedan más, porque -se sabe- el amor nos enseña a volar aunque no tengamos alas...