Qué triste es enterarse de que aquella persona a la que le entregaste tu corazón, no sólo nunca te entregó el suyo (aún cuando aseguraba que sí lo hizo) sino que tampoco le importaste lo suficiente como para acordarse de vos y pretende que nunca exististe en su vida. Sin embargo, uno está y va a estar siempre que lo necesiten como estuvo siempre, porque el amor físico puede extinguirse; Pero el del corazón es eterno...
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