Ella caminaba delante mío. De pronto se volteó y por un fugaz instante nuestras miradas se cruzaron. Tenía los ojos más tristes que vi jamás. Por un instante olvidé dónde estaba y el por qué estaba allí. Cuando volví a la realidad ella no estaba ahí; Sólo quedaba la estela perfumada a chocolate que dejó al pasar. Si volveré a verla algún día no lo sé, pero tengo el extraño presentimiento de que nunca voy a olvidarla...
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