El mismo frío que congela mis manos me susurra al oído que es tiempo de ir a buscarte, y sentarnos frente a frente a compartir un café y decirte todo eso que quiero decirte. O tal vez sólo mirarte y no decirte nada, pero mirarte. Y tomar tus manos y volar a ese lugar donde sólo ellas me pueden llevar. Y cuando el café se termine la borra será el detalle que distinga al sueño de la pesadilla. Y si no, será sólo una invitación más del viento para seguir caminando hacia tu encuentro...
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